No me seas Cenizo
Iluminar bien no es necesariamente iluminar más,
a veces es iluminar menos.

La colección de iluminación
de Mr. A está concebida para acompañar de noche.

Se trata de un conjunto de luminarias diferentes fabricadas en acero y cristal ahumado, donde cada pieza proyecta la luz de una forma distinta: sutil, indirecta, envolvente. Piezas elegantes y atemporales, pensadas no solo para iluminar, sino para crear atmósferas.

La calidez de su luz transforma el espacio y lo vuelve íntimo, sereno, memorable.

_

Diseñadora: Lourdes Sendagorta 

Fotógrafo: Santiago Barros 
@santbarros 

Videógrafo: Rafa Fernandez 
@rafarafa.es

Querido amigo,
la luz ha sido, durante años, una pequeña obsesión personal.
He pasado buena parte de mi vida persiguiéndola. La fotografía, en el fondo, no es más que eso: aprender a reconocer cuándo la luz decide, por un instante, ponerse de tu parte. Con el tiempo uno entiende que no se trata de tener más luz, sino de estar en el lugar adecuado cuando aparece con intención.
Quizá por eso siempre he desconfiado de la iluminación contemporánea. Vivimos rodeados de una claridad insistente, casi autoritaria, que no distingue entre lo que merece ser revelado y lo que agradecería permanecer en penumbra. Todo está encendido, todo es visible, todo parece igualmente importante… y, como imaginarás, no lo es.
Prefiero pensar la luz artificial como una invitada discreta. Alguien que sabe cuándo hablar y cuándo retirarse. No necesitas la misma luz para leer que para servir un buen champagne —muy frío, por supuesto— ni para alargar una conversación que empieza, por fin, a volverse interesante.
-
La noche, por otra parte, no necesita ser corregida. Está bien como está. Es el momento en el que las cosas dejan de imponerse y empiezan a sugerirse. Por eso la luz debería volverse más cálida, más baja, más cercana. Como si recordara su origen: ese fuego antiguo alrededor del cual aprendimos a mirarnos sin prisa.
En esa luz ocurren cosas. Los espacios se recogen, las voces bajan, las ideas encuentran su ritmo. Y uno, si tiene algo de suerte, empieza a ver lo importante sin necesidad de que todo esté iluminado.
Iluminar bien no es iluminar más. Eso lo hace cualquiera. Iluminar bien —aunque suene ligeramente altivo decirlo así— consiste en saber exactamente cuánto no iluminar.
Si esta colección consigue acercarse a esa idea, entonces habrá cumplido su cometido.
Un saludo,
×